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Reparadores navales

Un buen mantenimiento y cuidado del buque es sin duda rentable a la larga. De la misma forma que hay que comprobar los niveles del aceite del motor y del agua de la batería de los coches para evitar los problemas que se pueden derivar de la escasez de estos líquidos, los armadores llevan a cabo un plan de mantenimiento de sus buques que les permite operar eficientemente y sin averías imprevistas. Este enfoque, de prevención, más que de reparación, significa que los buques estarán menos expuestos a quedar fuera de servicio en momentos críticos, lo que podría conducir a pérdidas comerciales importantes para la empresa. Además de las reparaciones y mantenimiento a flote, las sociedades de clasificación y los convenios internacionales obligan a que periódicamente se lleven a cabo reparaciones del casco en seco, para lo cual se lleva el buque a un dique seco, en lo que se denomina una “varada”. Allí se revisa, repinta y si es necesario se reparan las chapas del casco. El coste de las varadas a lo largo de su vida es una partida importante de los costes operativos de los buques y los precios pueden oscilar mucho, dependiendo tanto de la situación geográfica como de la carga de trabajo del astillero. Históricamente, España fue en los años 60 y 70 una potencia en construcción naval y, aunque ha ido perdiendo peso en los últimos 30 años, mantiene una capacidad importante de reparación naval, especialmente en Galicia, Cartagena, Cádiz-Algeciras y Santander. En particular, por ejemplo, los astilleros de reparaciones de Navantia en Fene (Ferrol) son líderes mundiales en las reparaciones de buques tan sofisticados como los gaseros LNG.